Quantum denotaba en la física cuántica primitiva tanto el valor mínimo que puede tomar una determinada magnitud en un sistema físico, como la mínima variación posible de este parámetro al pasar de un estado discreto a otro. De ahí que la obra sea una oda a la Mecánica Cuántica, entendible, ya que la residencia de Gilles Jobin (Suiza)  se llevó a cabo en el CERN, Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire, o Consejo Europeo para la Investigación Nuclear, lugar donde se estudia la vanguardia de esta rama científica.

En la propuesta coreográfica encontramos una danza de partículas, con aproximaciones a la teoría de la incertidumbre en las manos de los intérpretes donde se revela la imposibilidad de encuentro de dos variables expresadas en sus dedos. El titilar de las partículas cuando se encuentran en solitario, la armonía y la paz que encuentran en sus pares. No solo eso, además hay una referencia constante a los spin electrónicos, o posiciones en el espacio de los electrones, dando la impresión que no hay un arriba ni un abajo, sino solo un momento. La atracción nuclear es evidente cuando los intérpretes giran de manera centrípeta alrededor de uno de ellos, guiados por fuerzas que parecen arrojarlos al espacio, tal cual lo haría una partícula excitada. El movimiento de péndulo de las luces es solo uno de los muchos fenómenos físicos explotados por los artistas que participaron de la construcción de esta obra,  de manera clara con dosis de tensión y suspenso, magnificados por el rítmico movimiento de los impresionantes focos industriales y su coordinación perfecta con la música seleccionada, no hay detalle que no esté debidamente analizado para estar en escena.

Las olas de partículas se ven reflejadas de manera espacial y las interacciones y respuesta de las mismas, a las diferentes energías, se reflejan en movimientos secuenciales que difuminan el movimiento por todo el espacio escénico, llevando al espectador de un lado a otro del escenario, como si una gran colisión de átomos, protones y electrones estuviera ocurriendo frente a nosotros.

La danza cumple con toda rigurosidad establecida en el marco de lo teórico-práctico, el intérprete activo desde el pensamiento y la ejecución, instalado de manera coherente entre todo lo que está y no está a la luz, entre la cual balancean los cuerpos dentro y fuera del eje. El vestuario y las acciones corporales podrían hacernos viajar al pasado y recordar las propuestas de Merce Cunningham, al mismo tiempo que la instalación de procesos, materiales y resultados de una investigación en una versión más actual como la de Gilles Jobin.

Dos teatros y sus escenarios sirvieron de espacio para la instalación de Quantum, Centro Cultural Matucana 100 y Parque Cultural de Valparaíso. El primero dejando abierta la pregunta del por qué una actividad gratuita y de calidad no tiene la asistencia de público que rebosa una sala de exhibición de artes escénicas ¿Qué faltó para elevar el número de asistentes? ¿Fue responsabilidad de las estrategias de difusión y distribución de invitaciones? A pesar de eso resuena por sobre ello la posibilidad de creer en que existió un público que pudo ver la potencia cualitativa en esta obra.

BecarPor: Guillermo Becar Ayala, Licenciado en danza, coreógrafo e intérprete. Gestor cultural. Twitter: @gmobecar

Para www.alavena.cl

¡Compártelo!

Compartir en Facebook Compartir en Twitter